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Terra
La Coctelera

La Kabaña

Refugio (escondite, madriguera, trinchera...) de quien tenga a bien acercarse. Sean todos bienvenidos.

Todos semos friquis

(via 20minutos)

¡Felicidades a todos los friquis que se sientan aludidos!

(si les ha gustado el video, hay más en http://www.unpocodenormalidad.com)

Spotify goes social (obsesión de la 17ª semana del 2010)

Aquellos que tienen la desgracia de conocerme saben que soy un ser bastante antisocial, ermitaño y desconfiado en la distancia, sobre todo en la cibernética, (bueno, en las distancias cortas, la mayor parte del tiempo, también soy bastante odiosito).

No es fácil encontrarme online ni en los mesenllers ni en los llitolques, rara vez respondo a los correos electrónicos, no tengo cuenta en Facebook (sí, en serio, que no la tengo, ni ganas), y lo primero que hice cuando Buzz invadió mi Gmail fue buscar como quitármelo de encima (a puntito estuve de cancelar la cuenta de correo). Lo descuidado que llevo este blog, y lo poco que comento últimamente en los blogs de mis amigos debería valer como clara evidencia de todo lo anteriormente dicho.

Así que cuando me llegó la noticia de que Spotify iba a derivar en otra "nueva red social", se dispararon todas mis alarmas internas, y ya me veía escuchando el CD del "Fat of the Land" en modo repeat una y otra vez .

Antes de encender la hoguera y condenar a mi querido Spotify a la quema, decidí probar esta nueva versión. Una vez instalada, y tras firmar con sangre un par de draconianas licencias de uso, la cosa no tenía tan mala pinta (mmmm...).

No puedo decir nada de la nueva integración con Facebook, ya que como he comentado, no lo uso. Pero en cambio si he podido probar otras novedades como la facilidad de compartir las listas de música con otros usuarios sin necesidad de salir de la aplicación, que parece bastante interesante. Además permite reproducir los MP3 que tengas en local, sin tener que salir de la aplicación.

Hablando de integrarse con aplicaciones externas, lo que sí se echa de menos es una mayor integración con LastFm (que tiene una potentísima base de datos de todo lo que se puede escuchar en formato digital), sobre todo ahora que estos últimos han quitado el streaming y lo han derivado a servicios como el propio Spotify o The Hype Machine, pero lo lógico es que los pasos vayan por ahí (salvo que Facebook vampirice las funcionalidades de este portal social musical).

Así que, por ahora, me quedo con el nuevo Spotify, esperando que la cosa siga bien encaminada por este sentido en el futuro.

El lado malo para mí (y bueno para muchos de ustedes) es que ya no daré más la vara por aquí con mis listitas de música. Seguiré haciéndolas, claro, como DJ frustado que soy, pero me limitaré a publicarlas en mi perfil de Spotify, que es al fin y al cabo dónde (quienes lo deseen) van a escucharlas.

Para el que no tenga Spotify (y no, no tengo invitaciones, así que no pregunten), aquí les dejo una perversa muestra de la lista de esta semana:

Happy birthday, Mr Pratchett!

Terry Pratchett

Sir Terence David John Pratchett nació en Beaconsfield, Inglaterra, planeta Tierra, al borde de las Dimensiones Mazmorra, hace hoy 62 años.

(No soy muy dado a las mitomanías, pero la ocasión lo merece.)

Taller de Cuentos

Esta tarde a las 19:00, en la Biblioteca Pública del Estado de LPGC (sita en la Avenida Marítima, cerca de la Estación de Guaguas), tendrá lugar la presentación de "Taller de Cuentos", un libro que recoge una selección de cuentos surgidos durante la primera edición de el taller "Factoría de Ficciones" impartido por el novelista Alexis Ravelo.

El libro es una muestra del trabajo obtenido en ese curso, y entre otros, participa este tipejo, al que resulta que conozco y cuyo principal defecto es ser amigo mío.

No tengo muy claro si el libro saldrá a la venta al público, pero mucho del trabajo realizado está recogido también en el blog del taller, y creo que es bastante güeno, así que están pinchando el link ya mismo ¡y a leer!

Obsesión obsesiva de la semana (2010/14)

Mi obsesión de la semana no es el Partido del Siglo de esta semana, ni el nuevo Messi-as, ni cómo conseguir tres millones sin despeinarse, ni tampoco la enésima puesta en marcha del dichoso HLC, ni tan siquiera el nuevo Ferrari 599 GTO.

La idea que más recurrentemente se ha paseado por mi cabecita tiene, cómo no, forma de onda sonora, tal y como es últimamente habitual y suena tal que así:

El tema en cuestión se llama "Home"  y es de un grupo del que, a pesar de tener un nombre tan llamativo, no había oído hablar hasta hace dos semanas, Edward Sharpe & The Magnetic Zeros. La verdad es que no recuerdo que un tema me horadara tanto el cortex cerebral desde que oí el (ahora taaaan cansíno de tanto escucharlo en todos lados) "Young Folks" (sí, me gustan los temas ñoños con silbiditos, qué le vamos a hacer).

Y hablando de música y cerebro aquí les dejo dos inquietantes muestras de la íntima relación de la una y con el otro:

  1. Este experimento de Bobby "Donguorribijapi" McFerrin sobre la manipulación de masas mediante el uso de la escala pentatónica.

  2. Una operación en la que el paciente toca el violín mientras el cirujano le hurga tunea el cerebro.

(esta semana me ahorro la listita de músicas de Spotify, porque iba a resultar muy repetitiva, con una sola canción sonando una y otra vez)

POR LA LECTURA, José Luis Sampedro

Transcribo aquí el escrito que D. José Luís Sampedro ha redactado como respuesta al "canon de las bibliotecas", y que me ha llegado recientemente:

POR LA LECTURA
Escrito y firmado por José Luís Sampedro, escritor, filósofo y buena gente

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos,  instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.

En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

(Sobran los comentarios)

Obsesiones de la semana (2010/12)

Esta semana he tenido la oportunidad de ver este monólogo del humorista Charles Fleischer en el que explica su teoría sobre los moleeds, y la estructura secreta del universo (Sé que suena raro. De hecho es raro. Mucho):

[...]   1 dividido entre 27 es igual a 0,3737... Por el contrario, 1 dividido entre 37 es 0,2727....
[...]   37 es la clave para entender el secreto de los moleeds. Trein-ta-y-sie-te. Shakespeare escribió 37 obras. Hay 37 agujeros en el micrófono de un teléfono. La temperatura del cuerpo humano es... ¡37 grados!
[...]   Los moleeds se basan en los números 27 y 37. 27 + 37 = 64, que es el número de elementos químicos necesarios para crear la vida en la Tierra. ¿...coincidencia?
[...]   64 es la suma de los nombres de Adan y Eva. 64 escaques en un tablero de ajedréz. Los Beatles cantaban "Cuando tenga 64 años..." ¡LO VEN?!?
[...]

Si aún tienen güevos digo ganas, pueden ver este otro monólogo, en el que el mismo orador refina su teoría, veinte años después hasta límites insospechados:

¡Uf!

Una más. Sin salirnos del tema de la numerología cosotérica (palabro registrado), aquí tienen un curiosísimo grupo de Flickr que se dedica a coleccionar fotografías de multiplos del número 37 (efectivamente..., hay gente pa tó... ¡ah sí, y sale el número 37, otra vez!).

37. ¡Qué miedito me está dando ese dichoso numerito!

Bueno, si finalmente han sobrevivido a tanta teoría conspiranóica, aquí les dejo la banda sonora de la semana (¿más sonidos enriquecedores? aquí hay algunos).

Pseudopostdata: Curioso. No me había dado cuenta, pero en la lista musical de esta semana hay una canción dedicada a Pitágoras y también he incluido la requetescuchadísima (ya es primavera) "Il pericolo nº 1"  (Pitágoras, el número 1, sí, sí, más números, uuuuh, uhhh).

三十七

Obsesión de la semana (2010/11)

Con perdón de los señores de Cabeza de Transistor (genial versión de Creep), este temilla, extraído de la serie de humor neozelandesa Flight of Conchords y que acabo de descubrir (la serie lleva un par de años de emisión, y sus protas, músicos, llevan varios años sacando cosas como ésta), se lleva el premio al "Absorveneuronas de la Semana":

Y estos son los otros ruidos de la semana."Música de la semana (2010-11)"

(más aquí)