Cenicienta
Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino Madrastra, una viuda malvada con trece hijas a cual más feucha. Era esta jovencita quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.
Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.
- Tú, Cenicienta, no irás -dijo la Madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó. De pronto se le apareció su Hada Madrina.
- No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta-. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa damisela.
Terminada la transformación, entonces la Cenicienta dijo: - No puedo ir al baile. Tengo que fregar el suelo, preparar la cena, y cuando acabe, limpiar la cocina.
- Buena chica -dijo el Hada-. Otro día irás al baile-.Y agitando la varita, la volvió de nuevo sucia y desaliñada.
Más tarde volvieron sus hermanastras, contentas y felices de cómo les había ido en el baile. Contaron las maravillas que habían disfrutado y la Cenicienta se sintió más desgraciada que núnca.
Al día siguiente el Rey anunció que su hijo desposaría a aquella joven a la que encajara una zapatilla de cristal, que, misteriosamente había ido a parar al bolsillo de su despistado hijo.
Las hermanastras, emocionadas ellas con los acontecimientos, sometieron sus toscos pies a las más increibles torturas con el fin de que encajaran en la zapatilla del Principe.
Cuando llegó el Principe con la zapatilla, la hermanastra mayor se la probó. Sus sufrimientos no habían sido en vano. Encajó a la primera.
- Con esta doncella me casaré -dijo el Principe. Se produjo un gran alboroto.
-¡Nosotras también queremos probar! -dijeron las hermanastras. Ni corta ni perezosa, la segunda hermanastra cogió la zapatilla y se la probó. Como era de esperar, su recortado muñón entró con facilidad en la zapatilla. Un expectante silencio se formó alrededor del Principe, el cual, pensativo, declaró: - Mi padre es el Rey y por tanto, él marca la ley. Esta doncella también será mi esposa.
Una tras otra, las once hermanastras restantes fueron probandose la zapatilla de cristal. Y una tras otra pudieron comprobar que las aberraciones a las que habían sometido a sus extremidades inferiores les habían merecido la pena, y la recompensa era un novio de sangre azul.
Cuando la menor de las hermanastras sacó su pie deforme de la minúscula zapatilla, el Principe preguntó: - ¿No queda nadie más en la casa que pueda probarse la zapatilla? -.
Una vocecilla surgida desde un rincón al fondo de la casa respondió: - ¡Ahora no puedo! Tengo que fregar el suelo, preparar el almuerzo, y después, limpiar la cocina.
- Buena chica -dijo el Principe-. Pues entonces, ¡nos vamos!-. Y marchó con sus trece prometidas.
Pasó el verano, y luego el invierno. Todo este tiempo la Cenicienta lo pasó planchando, lavando, fregando y cocinando para sus hermanastras y su Madrastra.
Finalmente llegó la primavera y el Principe tomó a sus trece prometidas como esposas. Por supuesto, la organización de la ceremonia, la preparación de la casa, el cosido de los vestidos y el cocinado de los manjares lo llevó a cabo la pobre Cenicienta.
Terminada la boda, la Madrastra, tras un suspiro, dijo: - Esta casa es muy grande. Ahora que mis hijas se han ido, voy a venderla y me voy a viajar y ver mundo.
Al oir esto, la pobre Cenicienta, desde su rincón al fondo de la casa, preguntó: - ¿Y qué será de mi a partir de ahora, Madrastra?
A lo que la vieja bruja le respondió:- Cenicienta querida, por mí, a partir de ahora te puedes ir a la puta mierda.


3 comentarios
Original el final del cuento... aunque yo creo que el cuento continuó... Las hermanastras de Cenicienta disfrutaron poco del "principado", porque seis meses después murieron por culpa de la gangrena que sufrieron sus pies-muñones. La madrastra se fue de viaje con una compañía aérea de super-bajo coste. El avión tuvo un accidente, yendo a parar a la isla de Perdidos - por lo que nunca más se supo (o por lo menos no se sabrá nada hasta de ella hasta la 4º o 5º temporada ;-). La Cenicienta, en el entierro de sus hermanastras, conoció al padre del príncipe, que a fin de cuentas era el rey, viudo y estaba de buen ver... ah y mandaba más que el príncipe. Después de un tórrido romance se casó con él. Un par de años después se murió el rey, convirtiéndose nuestra Cenicienta en la reina y señora de palacio y del reino... ¡Viva Cenicienta!
14 feb 2007 | 08:25 PM
Querido bicho, siento discrepar contigo, pero en "Cenicienta Reloaded" los acontecimientos toman un camino ligeramente diferente al que sugieres.
Las hermanastras acudieron a la Corporación DermoTética a curar sus piececitos, y de paso a hacerse un "Cambio Radical" (TM) de look, lo que produjo una grave merma en las arcas del Principito, y le obligó a convertirse en proxeneta. A los trece bellezones siliconados que tenía como esposas les unió cuatro señoritas del este y media docena de damitas del sur. El negocio le fué literalmente "de vicio".
¡Es cierto que la Madrastra acabó en la isla de "Perdidos" (TM)! Pero te equivocas, en la temporada de aparición. De hecho, salía en el primer episodio, haciendo de oso polar, que es el aspecto que tiene una Madrastra mala cuando se pasa más de una semana sin depilar y no tiene un zagalejo para cubrirse.
Lo de la Cenicienta y el Rey son rumores, y el video que circula por e-Mule es absolutamente falso, como también es falso que el Hada Madrina hubiera participado en el casting de la tercera temporada de "L".
...y hasta aquí puedo contar.
15 feb 2007 | 01:44 AM
jejeje XD
28 feb 2007 | 12:44 PM
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