Hoy, en la ofi, mis compañeros no paraban de quejarse de un molesto zumbido de origen desconocido.

Yo, al principio, pensaba que era alguna clave secreta (¿he mencionado ya que mi oficina está llena de gentes de creatividad rebosante?) para referirse a Dios sabe qué. Pero luego me di cuenta que las quejas iban en serio, y que todos estaban escuchando ese zumbidito. Todos menos yo.

Resulta que el culpable del zumbido era un compañero que estaba probando una teoría mencionada en este artículo, según el cual se dice que el supuestamente molesto pitidito lo usan los "jóvenes" para recibir llamadas sin que se enteren sus padres (¿para qué decían que era la función de vibrador de los móviles?... ¡por Dios, no respondan, era una pregunta retórica!), y para destacar sobre los "megabass" de las discotecas. El artículo resalta que el sonido sólo lo pueden escuchar los jóvenes, ya que con la perdida progresiva de oido que se produce con la edad, se van ensordeciendo las frecuencias más altas según se envejece.

¡Ahora resulta que por no oir el dichoso ruidito soy un viejo! ¡No te jode!

Podría sacar un montón de conclusiones pseudofilosóphicas de esta historieta (...contagiado por el ambiente "oficinil"), pero me voy a limitar a citar al refranero popular: ojos que no ven corazón que no siente. Y, como colofón, voy parafrasear un tema de Siniestro Total:
"Cuanto pito y yo que viejo"

(Ya sólo me falta grabarme el anuncio de "Reina" y darle al autoplay todo el fin de semana, a ver si me conciencio... ¡snif! )